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Palabras de Instauración

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La Coppermind tiene spoilers de todos los trabajos publicados de Brandon, incluyendo El metal perdido. La información sobre libros que aún no se han publicado (como las novelas secretas que se publicarán en 2023 y El archivo de las tormentas 5) está permitida sólo en las páginas de los propios libros. Para obtener más detalles, consulta nuestra política de spoilers.

Este artículo está en proceso de traducción. Por favor, sigan circulando.


Palabras de Instauración
Autor Sazed
Mundo Scadrial
Universo Cosmere
Aparece en Nacidos de la bruma

Había toda una cámara dedicada a las Palabras de Instauración, los libros de Armonía, su tradición, su conocimiento y su propio relato sagrado de lo que había ocurrido en el Mundo de Ceniza.

Wax describiendo parte del museo/cripta en el Campo del Renacimiento[1]

Las Palabras de Instauración son un grupo de obras literarias dejadas por Sazed para la gente de la Cuenca de Elendel en Scadrial después de que tomara las Esquirlas de Ruina y Conservación para convertirse en Armonía.

Significado y contenido

Las Palabras de Instauración son consideradas como una doctrina sagrada por los caminantes. Incluso los seguidores de otras religiones como el Trellismo tienen las Palabras en alta estima.[2] Algunas sectas religiosas también consideran los escritos de otros Originadores como canon sagrado junto a las Palabras de Instauración, aunque el Docksithium es casi universalmente ignorado.[1]

Las Palabras de Instauración están divididas en volúmenes, al menos ochenta en total[3] y posiblemente muchos más.[1] Debido a su longitud, son habituales las versiones abreviadas de las Palabras de Instauración.[4] Contienen una enorme cantidad de información que abarca desde la religión hasta los documentos de planificación de la ciudad de Elendel.[5][6] Contienen información que, de otro modo, sería desconocida para los humanos, incluida una tabla extremadamente detallada de los poderes feruquímicos[7] y escritos sobre los kandra[8] y la breve etapa que Kelsier pasó como Recipiente de Conservación.[9] También contienen pistas sobre la electricidad[10] y el vuelo con motor,[11] así como la existencia de dos nuevos metales.[12] Es de destacar que no discuten la hemalurgia con el mismo nivel de detalle que las otras Artes Metálicas. [13] Fantasma vio esto como un error y escribió un libro que incluía más información sobre ella; Armonía no estaba de acuerdo con sus acciones pero no podía prohibirle que escribiera el libro. [14]

Volúmenes conocidos

  • Creencias renacidas, un volumen que incluye detalles sobre el larstaísmo (y probablemente otras religiones del cartapacio de Sazed) del Scadrial clásico.[15]
  • Histórica, que contiene una historia de Scadrial anterior al Catacendro. Detalla el trabajo que los kandra hicieron ocultando el atium de Ruina,[16] así como información general sobre los kandra y los espectros de la bruma en general.[17] Wax encuentra aburridas las secciones sobre los kandra.[18] Revela los detalles de la Ascensión de Vin.[19] También cuenta la historia de Kelsier y sus verdaderos motivos para derrocar al lord Legislador, a saber, la venganza, no el heroísmo altruista como creen los supervivencialistas.[20]
  • El octavo libro está, al menos de forma parcial, escrito en verso, e incluye versos sobre "la búsqueda de la verdad por parte de Armonía". [3]

Curiosidades

Extracto

Este artículo tiene contenido de propiedad intelectual reproducida con permiso
Por favor, no altere o reproduzca este contenido sin permiso del autor

Soy, por desgracia, el Héroe de las Eras.

Ostentar el poder le hizo cosas extrañas a mi mente. En solo unos instantes, me familiaricé con el poder en sí, con su historia y con las formas en que podía ser utilizado.

Sin embargo, este conocimiento era diferente de la experiencia, o incluso de la habilidad de usar el poder. Por ejemplo, sabía mover un planeta en el cielo, pero no sabía dónde colocarlo para que no estuviera demasiado cerca ni demasiado lejos del sol.

En cierto sentido, tener semejante poder resultaba abrumador, creo. Era un poder que se tardaría milenios en comprender. Rehacer el mundo habría sido fácil, si hubiera estado familiarizado con el poder. Sin embargo, advertí el peligro inherente a mi ignorancia. Como un niño que de pronto adquiere una fuerza asombrosa, podría haber empujado demasiado y dejado el mundo convertido en un juguete roto que es imposible reparar.

Esto es lo que en verdad le sucedió a Rashek, creo. Se esforzó demasiado. Trató de eliminar las brumas acercando el planeta al Sol, pero lo movió demasiado lejos y volvió el mundo demasiado caluroso para la gente que lo habitaba.

Las montañas de ceniza fueron su solución. Había descubierto que empujar un planeta requería demasiada precisión, así que hizo en cambio que las montañas entraran en erupción y arrojaran al aire humo y ceniza. La atmósfera más densa hizo más frío el mundo y volvió rojo el Sol.

Cada vez que Rashek trataba de arreglar las cosas, las empeoraba. Tuvo que cambiar las plantas del mundo para que pudieran sobrevivir en el nuevo y endurecido entorno. Sin embargo, ese cambio hizo que las plantas fueran menos nutritivas para la humanidad. De hecho, la ceniza que caía habría hecho enfermar a los hombres, haciéndoles toser como quienes pasaban demasiado tiempo en las minas bajo tierra. Por eso Rashek cambió también a la humanidad, alterándola para que pudiera sobrevivir.

Rashek pronto encontró un equilibrio en los cambios, lo cual fue una suerte, pues su poder se consumió muy rápidamente. Aunque le parecía inmenso, en realidad no era más que una diminuta fracción de algo mucho más grande.

Naturalmente, acabó llamándose a sí mismo la «Lasca del Infinito» de su religión. Tal vez comprendía más de lo que le reconozco.

Sea como fuere, tuvimos que agradecerle un mundo sin flores, en el que las plantas crecían marrones en vez de verdes y la gente sobrevivía en un entorno donde la ceniza caía del cielo de manera continuada.

Hablo de «nosotros». El grupo. Los que intentábamos descubrir y derrotar a Ruina. Tal vez mis pensamientos estén ahora confusos, pero me gusta mirar atrás y ver la suma de lo que hicimos como un único ataque coordinado, aunque todos estuviéramos implicados en distintos planes y procesos.

Éramos uno. Eso no impidió que el mundo terminara, pero tampoco fue necesariamente negativo.

Es demasiado fácil caracterizar a Ruina simplemente como una fuerza destructiva. Considerémosla mejor una decadencia inteligente. No solo caos, sino una fuerza que buscó de forma racional (y peligrosa) reducirlo todo a su forma más básica.

Ruina lo planeaba todo con cuidado, sabiendo que, si construía una cosa, podría usarla para derribar otras dos. La naturaleza del mundo es tal que, cuando creamos algo, a menudo destruimos otra cosa en el proceso.

La alomancia nació con las brumas. O, al menos, la alomancia coincidió con la aparición de las primeras brumas. Cuando Rashek se hizo con el poder en el Pozo de la Ascensión, tomó conciencia de ciertas cosas. Algunas se las susurró Ruina; otras le fueron concedidas como parte instintiva del poder.

Una de ellas era el conocimiento de las Tres Artes Metálicas. Supo, por ejemplo, que las pepitas de metal de la Cámara de la Ascensión convertían en nacidos de la bruma a quienes las ingerían. Después de todo, eran fracciones del poder del Pozo mismo.

Pepitas de alomancia pura, el poder mismo de Conservación. No sé por qué Rashek dejó una de esas pepitas en el Pozo de la Ascensión. Tal vez no la vio, o tal vez pretendía guardarla para obsequiar con ella a un sirviente afortunado.

Tal vez temía perder sus poderes algún día y necesitar esa pepita para recuperar la alomancia. Sea como fuere, bendigo a Rashek por su olvido, pues sin esa pepita Elend habría muerto aquel día en el Pozo.

El Primer Contrato, a menudo mencionado por los kandra, fue en un principio solo una serie de promesas hechas al lord Legislador por la Primera Generación. Anotaron estas promesas, y al hacerlo codificaron las primeras leyes kandra. Les preocupaba gobernarse solos, independientemente del lord Legislador y de su imperio. Por eso, tomaron lo que le habían escrito y le pidieron su aprobación.

Él les ordenó que lo grabaran en acero, y luego firmó personalmente al pie. Este código fue lo primero que aprendieron los kandra al despertar de su vida como espectros de la bruma. Contenía órdenes para reverenciar a las generaciones anteriores, sencillos derechos legales garantizados a cada uno, instrucciones para crear nuevos kandra y una exigencia de dedicación total al lord Legislador.

Lo más preocupante: el Primer Contrato contenía una orden que, invocada, requería el suicidio en masa de todo el pueblo kandra.
Rashek trasladó el Pozo de la Ascensión, obviamente.

Fue muy astuto por su parte: quizá lo más inteligente que hizo. Sabía que el poder regresaría un día al Pozo, pues un poder semejante (el poder fundamental sobre el que estaba formado el mundo) no se agota sin más. Puede ser usado, y por tanto difundido, pero siempre se renueva.

Así, sabiendo que los rumores e historias persistirían, Rashek cambió el paisaje mismo del mundo. Puso montañas en lo que sería el norte, y llamó Terris a ese lugar. Luego allanó su auténtica tierra natal, y construyó allí su capital.

Construyó su palacio alrededor de esa sala en su centro, la sala donde meditaba, la sala réplica de su antigua casa en Terris. Un refugio creado momentos antes de que su poder se agotara.

Debido a su conexión con la sangre, se llama hemalurgia. No es una coincidencia, creo yo, que la muerte esté siempre implicada en el traspaso de poder a través de la hemalurgia. Marsh lo describió una vez como un proceso «sucio». Tampoco es el adjetivo que yo habría elegido. No es lo bastante perturbador.

La conciencia de Ruina estaba atrapada en el Pozo de la Ascensión, casi impotente. Esa noche, cuando descubrimos el Pozo por primera vez, encontramos algo que no comprendíamos. Un humo negro cubría una de las salas.

Aunque lo discutimos después, no supimos decir qué era. ¿Cómo íbamos a saberlo?

Formaba parte del cuerpo de un dios, o más bien, del poder de un dios, ya que en realidad ambas cosas son lo mismo. Ruina y Conservación habitaban poder y energía del mismo modo que un hombre habita carne y sangre.

La ceniza.

No creo que la gente llegara a comprender lo afortunada que fue. Durante los mil años anteriores al Colapso, empujaron la ceniza hacia los ríos, la apilaron en las afueras de las ciudades y, en general, la dejaron estar. Nunca comprendieron que, sin los microbios y plantas que Rashek había desarrollado para reducir las partículas de la ceniza, la tierra habría quedado enterrada rápidamente.

Aunque, claro, eso acabó sucediendo de todas formas.

Se llaman sabios alomantes. Hombres y mujeres que avivan sus metales durante tanto tiempo y con tanta fuerza, que el flujo constante de poder alomántico transforma su misma psicología.

En la mayoría de los casos, con la mayoría de los metales, los efectos son muy leves. Los buscadores, por ejemplo, a menudo se convierten en sabios del bronce sin saberlo. Su alcance se expande por quemar el metal durante tanto tiempo. Convertirse en un sabio del peltre es peligroso, ya que requiere forzar muchísimo el cuerpo a un estado en que no se puede sentir cansancio ni dolor. La mayoría se mata por accidente antes de que el proceso se complete, y en mi opinión, el beneficio no merece la pena el esfuerzo.

Los sabios del estaño, sin embargo... son algo especial. Dotados con sentidos que superan lo que cualquier alomante normal necesitaría o querría, se convierten en esclavos de lo que tocan, oyen, ven, huelen y saborean. No obstante, el poder anormal de estos sentidos les proporciona una clara e interesante ventaja.

Podría argumentarse que, igual que el inquisidor que ha sido transformado por un clavo hemalúrgico, el sabio alomante ya no es humano.

La sutileza desplegada por los microbios devoradores de ceniza y las plantas mejoradas demuestra que Rashek progresó cada vez más en el manejo del poder. Se consumió en cuestión de minutos, pero para un dios los minutos pueden pasar como horas. Durante ese tiempo, Rashek comenzó siendo un niño ignorante que empujó un planeta demasiado cerca del Sol, se convirtió en un adulto capaz de crear montañas de ceniza para enfriar el aire, y finalmente en un artesano maduro capaz de desarrollar plantas y criaturas para propósitos específicos.

También demuestra su forma de pensar durante el tiempo que estuvo con el poder de Conservación. Bajo su influencia, estuvo obviamente en modo protector. En vez de nivelar los montones de ceniza y tratar de devolver el planeta a su sitio, reaccionó trabajando furiosamente para arreglar los problemas que él mismo había causado.

Rashek no resolvió todos los problemas del mundo. De hecho, con cada cosa que arreglaba, creaba problemas nuevos. Sin embargo, fue lo bastante listo para que cada problema subsiguiente fuera menor que los anteriores. Así, en vez de plantas que morían por el sol distorsionado y el suelo ceniciento, tuvimos plantas que no ofrecían nutrición suficiente.

Salvó el mundo. Cierto, que el mundo estuviera al borde de la destrucción fue por su causa en primera instancia... pero teniéndolo todo en cuenta, hizo un trabajo admirable. Al menos, no liberó a Ruina como hicimos nosotros.

Sí, la ceniza era negra. No, no debería serlo. Prácticamente toda ceniza común tiene un componente oscuro, pero es gris o blanca además de negra.

La ceniza de los Montes de Ceniza... era diferente. Como las brumas, la ceniza que cubría nuestra tierra no era algo natural. Tal vez fuera la influencia del poder de Ruina, tan negra como blanca era Conservación. O tal vez fuera solo la naturaleza de los Montes de Ceniza, especialmente diseñados y creados para lanzar al cielo humo y ceniza.

Más de una persona manifestó haber notado un odio consciente en las brumas. Esto no está necesariamente relacionado con que las brumas maten a la gente. A la mayoría, incluso aquellos a quienes afectó, las brumas simplemente les parecían un fenómeno meteorológico, no más consciente ni vengativo que una terrible enfermedad.

Para otros, sin embargo, había más. A los que favorecía, los envolvía. A los que era hostil, los apartaba. Algunos sentían paz dentro de ellas, otros sentían odio. Todo se reducía al sutil contacto de Ruina, y a cuánto se reaccionaba a sus incitaciones.

No debería sorprender que Elend se convirtiera en un alomante tan poderoso. Es un hecho bien documentado (aunque esa documentación no estaba al alcance de la mayoría) que los alomantes eran mucho más fuertes durante los primeros días del Imperio Final.

En aquellos días, un alomante no necesitaba duraluminio para hacerse con el control de un kandra o un koloss. Bastaba con un simple empujón o un tirón de las emociones. De hecho, esta habilidad fue uno de los principales motivos por los que los kandra idearon sus Contratos con los humanos, pues por aquel entonces no solo los nacidos de la bruma, sino también los aplacadores y encendedores podían controlarlos a placer.

Las perlas de metal encontradas en el Pozo (perlas que convertían a los hombres en nacidos de la bruma) eran el motivo por el que los alomantes solían ser más poderosos. Aquellos primeros nacidos de la bruma eran como Elend Venture: poseían un poder primigenio que luego se transmitió por los linajes de la nobleza, debilitándose un poco con cada generación.

El lord Legislador fue uno de aquellos antiguos alomantes, su poder puro y sin adulterar por el tiempo y la reproducción. En parte por eso era tan poderoso comparado con otros nacidos de la bruma; aunque, en efecto, su capacidad para mezclar feruquimia y alomancia era lo que producía muchas de sus más espectaculares habilidades. Con todo, me parece interesante que uno de sus poderes «divinos» (su esencial fuerza alomántica) fuera algo que también poseían los nueve alomantes originales.

Durante los primeros días del plan original de Kelsier, recuerdo lo mucho que este nos confundió a todos con su misterioso «Undécimo metal». Decía que había leyendas sobre un metal místico que permitía matar al lord Legislador, y que él había localizado ese metal tras una intensa búsqueda.

Nadie sabía realmente qué hizo Kelsier en los años transcurridos entre su huida de los Pozos de Hathsin y su regreso a Luthadel. Cuando alguien insistía, simplemente contestaba que había estado «en el oeste». De algún modo, en sus correrías descubrió historias de las que ningún guardador había oído hablar. La mayoría de los miembros del grupo no sabían cómo interpretar las leyendas de las que hablaba. Tal vez ese fuera el principal motivo por el que hasta sus más viejos amigos empezaron a cuestionar su liderazgo.

Ahora creo que las historias, leyendas y profecías de Kelsier sobre el «Undécimo metal» fueron creadas por Ruina. Kelsier buscaba un modo de matar al lord Legislador, y Ruina, siempre sutil, se lo proporcionó.

En efecto, ese secreto fue crucial. El Undécimo metal de Kelsier proporcionó la pista que necesitábamos para matar al lord Legislador. Sin embargo, hasta en esto fuimos manipulados. El lord Legislador conocía los objetivos de Ruina, y jamás lo habría liberado del Pozo de la Ascensión. Ruina necesitaba otros peones... y para que eso sucediera, el lord Legislador tenía que morir. Incluso nuestra mayor victoria fue moldeada por los sutiles dedos de Ruina.

El Equilibrio. ¿Es real?

Casi hemos olvidado esta parte del saber. Los skaa solían hablar al respecto, antes del Colapso. Los filósofos discutieron mucho en los siglos III y IV, pero en la época de Kelsier ya era un tema casi olvidado.

Sin embargo, era real. Había una diferencia fisiológica entre los skaa y la nobleza. Cuando el lord Legislador alteró a la humanidad para hacerla más tolerante a la ceniza, cambió también otras cosas. Algunos grupos de personas (los nobles) fueron creados para ser menos fértiles, pero también más altos, más fuertes y más inteligentes. Otros (los skaa) fueron creados para ser más bajos, más resistentes, y para tener muchos hijos.

Los cambios, sin embargo, fueron leves; y pasados mil años de interrelación, las diferencias habían sido prácticamente borradas.

Apenas empiezo a comprender la brillantez de la síntesis cultural del lord Legislador. Uno de los beneficios que le permitía ser inmortal y, a todos los efectos relevantes, omnipotente era una influencia directa y efectiva sobre la evolución del Imperio Final.

Consiguió tomar elementos de una docena de culturas diferentes y aplicarlos a su nueva sociedad «perfecta». Por ejemplo, la destreza arquitectónica de los constructores de Khlennium se manifiesta en las fortalezas de los grandes nobles. El sentido de la moda khlenni (trajes para los hombres, vestidos para las damas) es otra cosa que el lord Legislador consideró apropiado.

Sospecho que, a pesar de su odio hacia el pueblo de Khlennium, al que pertenecía Alendi, Rashek también sentía por ellos una profunda envidia. Los terrisanos de la época eran sencillos pastores; los khlenni, cultos cosmopolitas. Por irónico que parezca, es lógico que el nuevo imperio de Rashek imitara la alta cultura del pueblo que odiaba.

Sí, Rashek hizo buen uso de la cultura de su enemigo para desarrollar el Imperio Final. Sin embargo, otros elementos de la cultura imperial fueron un completo contraste para Khlennium y su sociedad. Las vidas de los skaa fueron modeladas siguiendo a los pueblos esclavos de los cazzi. Los mayordomos de Terris recordaban a la clase sirviente de Urtan, que Rashek conquistó relativamente tarde en su primer siglo de vida.

La religión imperial, con sus obligadores, parece haber surgido del sistema burocrático mercantil de los hallant, un pueblo muy concentrado en pesos, medidas y permisos. El hecho de que el lord Legislador basara su Iglesia en una institución financiera demuestra (en mi opinión) que no le preocupaba tanto la verdadera fe de sus seguidores como la estabilidad, la lealtad y el contar con medidas cuantificables de devoción.

Hay un último aspecto de la manipulación cultural del lord Legislador que resulta interesante: el uso de la tecnología.

Ya he mencionado que Rashek decidió emplear la arquitectura khlenni, que le permitía construir grandes estructuras y le proporcionaba la ingeniería necesaria para edificar una ciudad tan grande como Luthadel. En otras áreas, sin embargo, suprimió los avances tecnológicos. La pólvora, por ejemplo, fue tan despreciada por Rashek que el conocimiento de su uso desapareció casi con tanta rapidez como el conocimiento de la religión de Terris.

Al parecer, Rashek consideraba alarmante que empleando armas de fuego incluso los hombres más corrientes fueran casi tan efectivos como los arqueros con años de entrenamiento. Por eso favoreció a los arqueros. Cuanto más se basara la tecnología militar en la instrucción, menos probable era que la población de campesinos pudiera rebelarse y resistirse. De hecho, en parte las revueltas skaa fracasaban siempre por este mismo motivo.

El lord Legislador no solo prohibió ciertas tecnologías: suprimió por completo los avances tecnológicos. Parece extraño ahora que, durante la totalidad de sus mil años de reinado, se hicieran tan pocos progresos. Las técnicas agrícolas, los métodos arquitectónicos e incluso la moda permanecieron notablemente estables durante el reinado del lord Legislador.

Construyó su imperio perfecto, y luego intentó conservarlo así. En su mayor parte, tuvo éxito. Los relojes de bolsillo (otra apropiación khlenni) que se fabricaban en el siglo X del imperio eran casi idénticos a los del siglo I. Todo permaneció igual.

Hasta que todo se desplomó.

Al principio, los hombres asumían que la persecución que Rashek emprendió contra la religión de Terris había surgido del odio. Sin embargo, ahora que sabemos que Rashek era terrisano, su destrucción de las profecías parece extraña. Sospecho que tuvo que ver con las profecías sobre el Héroe de las Eras. Rashek sabía que el poder de Conservación acabaría por regresar al Pozo de la Ascensión. Si se hubiera permitido sobrevivir a la religión de Terris, tal vez alguien encontraría algún día el camino al Pozo y se haría con el poder, y lo usaría para derrotar a Rashek y derrocar su imperio. Por tanto, oscureció el conocimiento sobre el Héroe y lo que se suponía que habría de hacer, esperando guardar para sí el secreto del Pozo.

Rashek vestía de blanco y negro. Seguramente quería demostrar que era una dualidad, Conservación y Ruina.
Era una mentira. Después de todo, solo había tocado uno de los poderes... y de forma muy superficial.

La alomancia, claramente, pertenece a Conservación. La mente racional lo entenderá. Pues, en el caso de la alomancia, se obtiene poder neto. Lo proporciona una fuerza externa: el propio cuerpo de Conservación.

La hemalurgia pertenece a Ruina. Destruye. Al sustraer las capacidades de una persona y dárselas a otra, en pequeñas cantidades, parte del poder se pierde. En línea con el propósito confeso de Ruina, romper el universo en piezas cada vez más pequeñas, la hemalurgia concede grandes dones, pero el coste es muy elevado.


Hay que tener en cuenta que la feruquimia es el poder del equilibrio.
De los tres poderes, este solo fue conocido por los hombres antes de que el conflicto entre Conservación y Ruina llegara a un estado crítico. En la feruquimia, el poder se acumula y luego se recupera. No se produce ninguna pérdida de energía, solo un cambio del tiempo y el ritmo de uso.

La hemalurgia es un poder del que me gustaría saber mucho menos. Para Ruina, el poder debe tener un coste exorbitado, utilizarlo debe resultar atractivo y, sin embargo, es necesario que siembre el caos y la destrucción con su misma puesta en práctica.

Como concepto, es un arte muy simple. Parasitario. Sin otras personas a quienes robar, la hemalurgia sería inútil.

En la hemalurgia, el tipo de metal usado con el clavo es importante, igual que la colocación del clavo en el cuerpo. Por ejemplo, los clavos de acero absorben los poderes físicos de la alomancia (la capacidad para quemar peltre, estaño, acero o hierro) y se los conceden al receptor del clavo. Sin embargo, cuál de los cuatro poderes se concede depende de dónde se coloca el clavo.

Los clavos hechos de otros metales roban las habilidades feruquímicas. Por ejemplo, todos los inquisidores originales recibían un clavo de oro, tras haber sido clavado primero en el cuerpo de un feruquimista, que daba al inquisidor la capacidad de almacenar poder curador. (Aunque no podían hacerlo tan rápidamente como un feruquimista real, ya que la hemalurgia decae.) Obviamente, de aquí era de donde los inquisidores conseguían su infame capacidad para recuperarse fácilmente de las heridas, y por eso necesitaban descansar tanto.

El declive hemalúrgico era menos obvio en los inquisidores creados a partir de nacidos de la bruma. Como ya tenían poderes alománticos, la suma de otras habilidades los volvía asombrosamente fuertes.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, los inquisidores eran creados a partir de brumosos. Parece que los buscadores como Marsh eran los reclutas favoritos. Porque, cuando no había un nacido de la bruma disponible, un inquisidor con habilidades amplificadas de bronce constituía una poderosa herramienta para buscar a otros brumosos skaa.

La hemalurgia puede utilizarse para robar poderes alománticos o feruquímicos y dárselos a otra persona. Sin embargo, un clavo hemalúrgico puede crearse matando a una persona normal, que no sea alomántica ni feruquímica. En ese caso, el clavo roba el poder de Conservación existente en el alma de la persona (el poder que otorga a todas las personas consciencia de sí mismas).

Un clavo hemalúrgico puede extraer este poder, y luego transferirlo a otro, concediendo así habilidades residuales similares a las alománticas. Después de todo, el cuerpo de Conservación (todo ser humano lleva una diminuta huella) es la misma esencia que impulsa la alomancia.

Y así, un kandra con la Bendición de la Potencia adquiere un poco de fuerza innata similar a quemar peltre. La Bendición de la Presencia concede capacidad mental del mismo modo, mientras que la Bendición de la Consciencia es la habilidad de sentir con mayor agudeza y la Bendición de la Estabilidad, tan raramente usada, proporciona fortaleza emocional.

Incluso ahora, apenas puedo comprender la magnitud de todo esto. Los acontecimientos que rodean el fin del mundo parecen aún más grandes que el Imperio Final y sus habitantes. Siento fragmentos de algo muy lejano, una presencia rota, algo que abarca el vacío.

He rebuscado e investigado, y solo he podido encontrar un nombre: Adonasium. Quién, o qué era, eso aún no lo sé.

Originalmente, asumimos que un koloss era una combinación de dos personas en una. Fue un error. Los koloss no eran la fusión de dos personas, sino de cinco, como demuestran los cuatro clavos necesarios para crearlos. No cinco cuerpos, por supuesto, sino cinco almas.

Cada par de clavos proporciona lo que los kandra llamaban la Bendición de la Potencia. Sin embargo, cada clavo distorsiona también un poco más el cuerpo del koloss, volviéndolo cada vez más inhumano. Ese es el precio de la hemalurgia.

Los clavos hemalúrgicos cambian físicamente a las personas, dependiendo de qué poderes se concedan, dónde se coloca el clavo y cuántos clavos se lleven. Los inquisidores, por ejemplo, cambian drásticamente respecto al humano que eran antes. Sus corazones están en sitios distintos, y sus cerebros se reforman para aceptar los metales que les atraviesan los ojos. Los koloss cambian de forma aún más drástica.

Cabría pensar que quienes más cambian de todo son los kandra. Sin embargo, hay que recordar que los nuevos kandra se forman a partir de espectros de la bruma, y no de humanos. Los clavos que llevan los kandra causan solo una pequeña transformación en sus anfitriones, dejando que sus cuerpos sean en su mayor parte como los de los espectros de la bruma, pero permitiendo que sus mentes empiecen a funcionar. Irónicamente, mientras los clavos deshumanizan a los koloss, dan cierta dosis de humanidad a los kandra.

Creo que los koloss eran más inteligentes de lo que estábamos dispuestos a reconocer. Por ejemplo, en un principio, solo usaban los clavos que el lord Legislador les daba para crear nuevos miembros. Él les proporcionaba el metal y los desafortunados cautivos skaa, y los koloss creaban nuevos «reclutas».

Tras la muerte del lord Legislador, los koloss deberían haberse extinguido rápidamente. Así los había diseñado. Si se liberaban de su control, esperaba que se mataran unos a otros y pusieran fin a su propia ira destructiva. Sin embargo, de algún modo lograron deducir que los clavos en los cuerpos de los koloss caídos podían ser recogidos y reutilizados luego.

Ya no necesitaban un suministro nuevo de clavos. A menudo me pregunto qué efecto tuvo en su población la reutilización constante de esos clavos. Un clavo solo puede contener una cantidad determinada de carga hemalúrgica, así que no podían crear clavos que les concedieran fuerza infinita, no importa a cuánta gente mataran esos clavos y cuánto poder extrajeran. No obstante, ¿quizá el uso repetido de los clavos reciclados proporcionó más humanidad a los koloss que creaban?

Por mucho que me repugne, no puedo evitar sentirme impresionado por la hemalurgia como arte. En la alomancia y la feruquimia, la habilidad y la sutileza son producto de la aplicación de los poderes propios. El mejor alomante puede ser no el más poderoso, sino el que mejor manipule los empujones y tirones de los metales. El mejor feruquimista es el más capaz de organizar la información de sus mentecobres, o el que mejor puede manipular su peso con hierro.

El arte que es único de la hemalurgia es el conocimiento de dónde colocar los clavos.

Cada clavo, meticulosamente colocado, puede determinar de qué manera el cuerpo del receptor es alterado por la hemalurgia. Un clavo en un sitio concreto creará una bestia monstruosa, casi sin mente. En otro sitio, un clavo creará un diestro, aunque homicida, inquisidor.

Sin el conocimiento instintivo conseguido al tomar el poder del Pozo de la Ascensión, Rashek jamás habría podido usar la hemalurgia. Con su mente ampliada, y con un poco de práctica, pudo intuir dónde colocar los clavos que crearían los sirvientes que quería.

Es un hecho poco conocido que las cámaras de tortura de los inquisidores eran en realidad laboratorios hemalúrgicos. El lord Legislador intentaba constantemente desarrollar nuevas clases de servidores. Es un testamento a la complejidad de la hemalurgia que, a pesar de mil años de intentarlo, nunca consiguiera crear nada con ella aparte de los tres tipos de criaturas desarrolladas durante aquellos breves momentos en que ostentó el poder.


Un hombre con un poder dado (como una habilidad alomántica) que luego obtuviera un clavo hemalúrgico con el mismo poder sería el doble de fuerte que un alomante natural no amplificado.

Un inquisidor que fuera buscador antes de su transformación tendría, por tanto, una mejor capacidad para usar bronce. Este simple hecho explica cuántos inquisidores podían penetrar nubes de cobre.ç

La huida de Ruina merece alguna explicación. Es algo que incluso a mí me costó comprender.

Ruina no podía emplear el poder del Pozo de la Ascensión. Pertenecía a Conservación, su opuesto fundamental. De hecho, una confrontación directa de estas dos fuerzas habría causado la destrucción de ambas.

La prisión de Ruina, sin embargo, se fabricó con ese poder. Por tanto, estaba en sintonía con el poder de Conservación, el mismo poder del Pozo. Cuando ese poder se liberó y se dispersó, en vez de ser utilizado, actuó como llave. La subsiguiente «apertura» fue lo que liberó a Ruina.

La prisión de Ruina no era como las que retienen a los hombres. No estaba retenido entre barrotes. De hecho, podía moverse en libertad.

Su prisión, más bien, era de impotencia. En términos de fuerzas y dioses, esto significaba equilibrio. Si Ruina empujaba, la prisión empujaba a su vez, dejándolo esencialmente sin poder. Y, como mucho de su poder estaba despojado y oculto, era incapaz de afectar al mundo salvo en las formas más sutiles.

Debería detenerme aquí y aclarar algo. Decimos que Ruina fue «liberado» de su prisión. Pero no es así exactamente. Liberar el poder del Pozo inclinó el mencionado equilibrio hacia Ruina, pero seguía estando demasiado débil para destruir el mundo en un parpadeo como anhelaba. Esta debilidad venía causada porque parte del poder de Ruina, su cuerpo mismo, le había sido arrebatado y escondido.

Por esa razón Ruina estaba tan obsesionado con encontrar la parte oculta de sí mismo.

Una vez «liberado», Ruina pudo afectar más directamente al mundo. La forma más obvia fue haciendo que los Montes de Ceniza emitieran más ceniza y que la tierra empezara a partirse. De hecho, creo que gran parte de la energía de Ruina durante aquellos últimos días se dedicó a estas tareas.

También pudo afectar y controlar a mucha más gente que antes. Donde anteriormente solo había influido en unos cuantos individuos selectos, ahora podía dirigir ejércitos enteros de koloss.

Cabría preguntarse por qué Ruina no pudo utilizar a los inquisidores para que lo liberaran de su prisión. La respuesta es sencilla si se entiende cómo funciona el poder.

Antes de su muerte, el lord Legislador mantuvo un control demasiado firme sobre ellos para que Ruina pudiera controlarlos directamente. Sin embargo, aun después de la muerte del lord Legislador, ningún servidor de Ruina podría haberlo rescatado. El poder del Pozo era de Conservación, y un inquisidor solo podría haberlo tomado quitándose primero sus clavos hemalúrgicos. Eso, naturalmente, lo habría matado.

Por tanto, Ruina necesitó una forma mucho más indirecta de conseguir su propósito. Necesitaba alguien a quien no hubiera contaminado demasiado, pero a quien pudiera llevar de las riendas, manipulándolo con cuidado.

Puede verse la habilidad de Ruina en lo meticuloso de sus planes. Consiguió orquestar la caída del lord Legislador poco después de que el poder de Conservación regresara al Pozo de la Ascensión. Y luego, pocos años después de ese hecho, se liberó.

En la escala temporal de los dioses y su poder, esta engañosa coordinación fue tan precisa como un corte experto realizado por el cirujano con más talento.

Cuando Ruina quedó libre de su prisión, pudo influir en la gente con más fuerza, pero empalar a alguien con un clavo hemalúrgico era difícil, no importa cuáles fueran las circunstancias.

Para conseguirlo, al parecer empezó con gente que ya tenía una tenue comprensión de la realidad. Su locura los volvía más abiertos a su contacto, y pudo usarlos para clavar a más gente estable. En cualquier caso, impresiona la de gente importante a la que consiguió dominar. El rey Penrod, que entonces gobernaba en Luthadel, es un buen ejemplo de ello.

Cerca del final, la ceniza empezó a apilarse en aterradores montículos. He hablado de los microbios especiales que el lord Legislador diseñó para ayudar al mundo a lidiar con la caída de ceniza. En realidad, no se alimentaban de ceniza. Más bien, la descomponían como un aspecto de sus funciones metabólicas. De hecho, la ceniza volcánica en sí misma es buena para el suelo, dependiendo de lo que se desee cultivar.

No obstante, demasiado de cualquier cosa es letal. El agua es necesaria para la supervivencia, pero demasiada ahoga. Durante la historia del Imperio Final la tierra se mantuvo equilibrada al mismísimo borde de que la ceniza provocara el desastre. Los microbios la descompusieron tan pronto como caía, pero cuando hubo tanta que saturó el terreno, a las plantas les resultó más difícil sobrevivir.

Al final, todo el sistema se vino abajo. La ceniza caía con tanta intensidad que ahogaba y mataba, y las plantas del mundo murieron. Los microbios no pudieron seguir el ritmo, pues necesitaban tiempo y nutrientes para reproducirse.

El pacto entre Conservación y Ruina es asunto de dioses, y resulta difícil de explicar en términos humanos. De hecho, al principio, hubo un empate entre ambos. Por un lado, cada uno sabía que solo trabajando juntos podían crear. Por otro, ambos sabían que nunca tendrían completa satisfacción en lo que crearan. Conservación no podía mantener las cosas perfectas y sin cambios, y Ruina no podía destruir por completo.

Como es lógico, Ruina acabó por adquirir la habilidad de poner fin al mundo y obtener la satisfacción que buscaba. Pero, claro, eso no formaba parte del trato inicial.

El deseo de Conservación de crear vida inteligente fue lo que acabó por romper el empate. Para dar a la humanidad conciencia y pensamiento independiente, Conservación sabía que tendría que renunciar a parte de sí mismo, su propia alma, para habitar dentro de la humanidad. Eso lo dejaría un poco más débil que su oponente, Ruina.

Esa parte diminuta parecía insignificante en comparación con su enorme suma total de poder. Sin embargo, a lo largo de eones, este pequeño fallo permitiría a Ruina superar a Conservación y causar el fin del mundo.

Este fue, entonces, su trato. Conservación se quedó con la humanidad, las únicas creaciones que tenían más Conservación que Ruina en ellas, en vez de un equilibrio. La vida independiente que podía pensar y sentir. A cambio, Ruina obtuvo una promesa, y la prueba, de que podría poner fin a todo lo que habían creado juntos. Fue el pacto.

Y Conservación acabó por romperlo.

Al sacrificar la mayor parte de su consciencia, Conservación creó la prisión de Ruina, rompiendo su trato y tratando luego de impedir que Ruina destruyera lo que habían creado. Este hecho dejó de nuevo sus poderes casi equilibrados: Ruina prisionero, con solo un rastro capaz de filtrarse. Conservación reducido a una mera sombra de lo que una vez fue, apenas capaz de pensamiento y acción.

Estas dos mentes eran, desde luego, independientes de la fuerza bruta de sus poderes. De hecho, no sé muy bien cómo se unieron en primer lugar pensamientos y personalidades a los poderes, pero creo que no estaban ahí al principio. De hecho, ambos poderes pudieron separarse de las mentes que los gobernaban.

No sé por qué Conservación decidió usar su última chispa de vida apareciéndosele a Elend durante su viaje de regreso a Fadrex. Por lo que tengo entendido, Elend tampoco descubrió gran cosa con el encuentro. Pero claro, Conservación no era más que una sombra de sí mismo, y esa sombra estaba bajo la inmensa presión destructora de Ruina.

Tal vez Conservación, o los restos de lo que había sido, quisiera encontrarse con Elend a solas. O tal vez vio a Elend arrodillado en aquel campo, y supo que el emperador de hombres estaba a punto de tumbarse en la ceniza, para no volver a levantarse. Sea como fuere, Conservación se apareció, y al hacerlo se rebeló a los ataques de Ruina. Atrás quedaron los días en que Conservación podía repeler a un inquisidor con un simple gesto, incluso los días en que podía golpear a un hombre para que muriera desangrado.

Para cuando Elend vio al «espíritu de la bruma», Conservación apenas debía de ser ya coherente. Me pregunto qué habría hecho Elend de haber sabido que estaba en presencia de un dios moribundo, que aquella noche había sido testigo de la muerte de Conservación. Si Elend hubiera esperado unos minutos más en aquel campo de ceniza, habría visto un cuerpo bajo de estatura, pelo negro y nariz prominente caer de las brumas y desplomarse muerto en las cenizas.

Por así decirlo, el cadáver quedó solo para que esas mismas cenizas lo enterraran. El mundo estaba muriendo. Sus dioses tenían que morir con él.

He llegado a ver que cada poder tiene tres aspectos: uno físico, que puede verse en las creaciones de Ruina y Conservación; uno espiritual, en la energía invisible que permea al mundo entero, y uno cognitivo, en las mentes que controlan esa energía.

Hay más. Mucho más que ni siquiera yo comprendo.

Una vez que se empiezan a entender estas cosas, puede verse cómo Ruina estaba atrapado aunque la mente de Conservación se perdiera, expandida para crear la prisión. A pesar de que la consciencia de Conservación estaba casi destruida, su espíritu y su cuerpo seguían existiendo. Y, como fuerza opuesta a Ruina, todavía podían impedir que Ruina destruyera.

O, al menos, impedirle que destruyera las cosas demasiado rápido. Cuando su mente quedó liberada de su prisión, la destrucción se aceleró enseguida.


No sé qué sucedía en las mentes de los koloss, qué recuerdos conservaban, qué emociones humanas conocían todavía verdaderamente. Sé que nuestro descubrimiento de la criatura que se hacía llamar Humano fue tremendamente afortunado. Sin su esfuerzo por volver a ser humano, tal vez nunca habríamos comprendido la relación entre los koloss, la hemalurgia y los inquisidores.

Naturalmente, tenía que representar otro papel. No grande, cierto, pero importante de todas formas.

La prisión que Conservación creó para Ruina no fue creada con el poder de Conservación, aunque era suya. Más bien, Conservación sacrificó su propia consciencia (podríamos decir su mente) para fabricar esa prisión. Dejó una sombra de sí mismo, pero Ruina, una vez huido, empezó a sofocar y aislar este pequeño vestigio restante de su rival. Me pregunto si alguna vez Ruina consideró extraño que Conservación se hubiera despegado de su propio poder, hubiera renunciado a él y lo hubiera dejado en el mundo para que los hombres lo recogieran y lo utilizaran.

En la estratagema de Conservación, veo nobleza, astucia, y desesperación. Sabía que no podía derrotar a Ruina. Había dado demasiado de sí mismo y, además, era la encarnación de la estasis y la estabilidad. No podía destruir, ni siquiera para proteger. Iba contra su naturaleza. De ahí la prisión.

La humanidad, sin embargo, había sido creada tanto por Ruina como por Conservación, con una pizca del alma del propio Conservación para otorgar al hombre sapiencia y honor. Para que el mundo sobreviviera, Conservación sabía que tenía que depender de sus creaciones. Darles su confianza.

Me pregunto qué pensó cuando esas creaciones le fallaron repetidamente. ç

No me extraña que nos concentráramos demasiado en las brumas durante aquellos días. Pero, por lo que ahora sé de la luz del sol y el desarrollo de las plantas, comprendo que nuestras cosechas no corrían tanto peligro como temíamos en los días brumosos. Bien podríamos haber encontrado plantas comestibles que no necesitaran tanta luz para sobrevivir.

Cierto, las brumas causaron algunas muertes entre quienes se internaron en ellas, pero el número no fue un porcentaje lo bastante grande de la población para suponer una amenaza a nuestra supervivencia como especie. La ceniza, ese era nuestro verdadero problema. El humo que llenaba la atmósfera, los copos negros que lo cubrían todo, las erupciones de los Montes de Ceniza volcánicos... Eso era lo que iba a matar al mundo.

Sospecho que Alendi, el hombre al que mató Rashek, era un brumoso: un buscador. La alomancia, no obstante, era diferente en aquellos días, y mucho más rara. Los alomantes vivos en nuestra época son descendientes de los hombres que comieron aquellas pocas perlas del poder de Conservación. Formaron la base de la nobleza, y fueron los primeros en llamarlo emperador.

El poder de aquellas pocas perlas estaba tan concentrado que pudo durar diez siglos de reproducción y herencia.

Ruina intentó muchas veces introducir clavos en otros miembros de la banda. Aunque parte de lo que pasó hace que parezca que fue fácil para él controlar a las personas, en realidad no lo fue.

Colocar el metal en el lugar adecuado, en el momento adecuado, resultaba increíblemente difícil, incluso para una criatura sutil como Ruina. Por ejemplo, intentó hacerlo muchas veces con Elend y Yomen. Elend consiguió evitarlo siempre, como en el campo que había ante la pequeña aldea, que contenía el penúltimo depósito de almacenamiento.

Ruina sí que consiguió introducir un clavo en Yomen, una vez. Pero Yomen consiguió quitarse el clavo antes de que Ruina pudiera apoderarse de él. Era mucho más fácil para Ruina controlar a gente apasionada e impulsiva que a gente lógica con tendencia a sopesar sus acciones.

Cualquiera podría advertir que Ruina no envió a sus inquisidores a Fadrex hasta después de que Yomen confirmara, aparentemente, que había atium en la ciudad. ¿Por qué no enviarlos en cuanto se localizó el último depósito? ¿Dónde estuvieron sus lacayos todo el tiempo?

Hay que tener en cuenta que, para Ruina, todos los hombres eran sus lacayos, sobre todo aquellos a quienes podía manipular directamente. No envió a ningún inquisidor porque estaban ocupados haciendo otras tareas. En cambio, envió a alguien que, para él, era exactamente igual que un inquisidor.

Trató de introducir un clavo en Yomen, fracasó, y para entonces el ejército de Elend había llegado. Por tanto, utilizó a un peón diferente para que investigara el depósito y descubriera si el atium en verdad estaba allí. Al principio, no comprometió demasiados recursos en la ciudad, temiendo un engaño por parte del lord Legislador. Como él, todavía me pregunto si los depósitos fueron diseñados, en parte, para este mismo propósito, para distraer a Ruina y mantenerlo ocupado.

En aquellos momentos en que el lord Legislador tenía el poder del Pozo y sentía que lo iba perdiendo, comprendió muchas cosas. Vio lo que podía hacer la feruquimia y la temió. Sabía que mucha gente de Terris lo rechazaría como Héroe, pues no cumplía bien sus profecías. Lo verían como el usurpador que era, como quien mató al Héroe por ellos enviado.

Creo que, a lo largo de los años, Ruina lo retorció sutilmente y le hizo infligir cosas terribles a su propio pueblo. Pero sospecho que al principio su decisión contra ellos fue motivada más por la lógica que por la emoción. Estaba a punto de desvelar un gran poder en los nacidos de la bruma.

Supongo que podría haber mantenido la alomancia en secreto y utilizado a los feruquimistas como sus principales guerreros y asesinos. No obstante, creo que fue sabio en su decisión. Dada la naturaleza de sus poderes, los feruquimistas poseen una tendencia a la erudición. Con sus prodigiosas memorias, habrían sido difíciles de controlar a lo largo de los siglos. De hecho, eran difíciles de controlar, aunque los neutralizara. La alomancia no solo proporcionó una espectacular habilidad nueva sin ese contratiempo: también ofreció un poder místico que él podía emplear para sobornar a los reyes y ponerlos de su parte.

Los inquisidores tenían pocas posibilidades de resistirse a Ruina. Tenían más clavos que ninguna otra de sus creaciones hemalúrgicas, y eso los ponía completamente bajo su dominio.

Sí, habría hecho falta ser un hombre de voluntad suprema para resistirse a Ruina incluso levemente si llevabas los clavos de un inquisidor.

Los koloss tenían pocas posibilidades de liberarse. Cuatro clavos, y su capacidad mental disminuida, los hacían muy fáciles de dominar. Solo en medio de un frenesí de sangre tenían un poco de autonomía.

Cuatro clavos también hacían que a los alomantes les resultara más fácil controlarlos. En nuestro tiempo, hacía falta un empujón de duraluminio para tomar el control de un kandra. Los koloss, sin embargo, podían ser dominados por un empujón concreto, sobre todo cuando se dejaban llevar por el frenesí.

Cuando el lord Legislador ofreció su plan a sus amigos feruquimistas (el plan para convertirlos en espectros de la bruma), les hizo hablar en nombre de todos los feruquimistas de la tierra. Aunque convirtió a sus amigos en kandra para restaurar sus mentes y recuerdos, dejó al resto como espectros de la bruma sin sentido del yo. Esos crearon más de su especie, que vivieron, murieron y se convirtieron en una raza en sí mismos. De estos hijos de los espectros originales, creó la siguiente generación de kandra. br />

Sin embargo, incluso los dioses pueden cometer errores, como yo mismo he descubierto. Rashek, el lord Legislador, pensó en transformar a todos los feruquimistas vivos en espectros de la bruma. Pero no pensó en la herencia genética de la otra gente de Terris, a quienes dejó vivos. Por eso los feruquimistas continuaron naciendo, aunque solo rara vez.

Este error le costó caro, pero el mundo salió ganando.

La cuestión sigue siendo de dónde surgieron las profecías originales sobre el Héroe de las Eras. Ahora sé que Ruina las cambió, pero no las creó. ¿Quién fue el primero en enseñar que vendría un Héroe que sería emperador de toda la humanidad, y que sería rechazado por su propio pueblo? ¿Quién declaró primero que llevaría en brazos el futuro del mundo, o que repararía lo que estaba roto?

¿Y quién decidió darle un tono neutro al título, para que no se supiera si el Héroe era hombre o mujer?

Quellion se colocó el clavo él mismo, según tengo entendido. Nunca fue del todo estable. Su fervor para seguir a Kelsier y matar a los nobles fue aumentado por Ruina, pero Quellion ya tenía aquellos impulsos. A veces, su apasionada paranoia rayaba en la locura, y entonces Ruina podía impulsarlo para que se colocara aquel clavo crucial.

El clavo era de bronce, y lo elaboró a partir de uno de los primeros alomantes que capturó. Ese clavo lo convirtió en buscador, y gracias a eso pudo encontrar y chantajear a tantos alomantes durante su reinado en Urteau.

El tema, sin embargo, es que la gente con personalidad inestable era más susceptible a la influencia de Ruina, aunque no llevaran un clavo dentro. Probablemente, Zane consiguió así su clavo.

Hay algo especial en el número dieciséis. Para empezar, fue la señal de Conservación para la humanidad.

Incluso antes de aprisionar a Ruina, Conservación sabía que no podría comunicarse con la humanidad cuando redujera su poder. Por eso dejó pistas, pistas que no pudieran ser alteradas por Ruina. Pistas que se remontaban a las leyes fundamentales del universo. El número sería la prueba de que sucedía algo innatural, y que se podía encontrar ayuda.

Puede que tardáramos mucho en darnos cuenta, pero cuando acabamos por comprender la pista, sin importar lo tarde que fuera, nos dio un impulso muy necesitado.

En cuanto a los otros aspectos del número..., bueno, incluso yo sigo investigando eso. Basta decir que tiene grandes ramificaciones referidas a cómo funciona el mundo, y el universo.

Sí, hay dieciséis metales. Me parece muy poco probable que el lord Legislador no los conociera todos. De hecho, que hablara de varios en las placas de los depósitos de almacenaje significa que al menos conocía la existencia de esos.

He de asumir que no se lo dijo a la humanidad por algún motivo. Tal vez lo ocultó para tener una ventaja secreta, igual que guardó la única pepita del cuerpo de Conservación que convertía a los hombres en nacidos de la bruma.

O tal vez simplemente decidió que la humanidad tenía ya bastante poder con los diez metales que ya comprendían. Algunas cosas jamás las sabremos. Una parte de mí aún considera lamentable lo que hizo. Durante los mil años de reinado del lord Legislador, ¿cuántas personas nacieron, se rompieron, vivieron y murieron sin saber que eran brumosos, simplemente porque sus metales eran desconocidos?

Naturalmente, esto nos dio una ligera ventaja al final. Ruina tuvo muchos problemas para dar duraluminio a sus inquisidores, ya que necesitaban a un alomante que pudiera quemarlo antes de poder utilizarlo. Y, como ninguno de los brumosos de duraluminio del mundo conocía su poder, no lo quemaron y se revelaron a Ruina. Eso dejó a la mayoría de los inquisidores sin el poder del duraluminio, excepto en unos cuantos casos importantes, como Marsh, que lo recibieron de un nacido de la bruma. Esto solía considerarse un desperdicio, pues si se mataba con hemalurgia a un nacido de la bruma, se aprovechaba solamente uno de sus dieciséis poderes y se perdía el resto. Ruina consideró que era mucho mejor intentar subvertirlos y acceder así a todo su poder.

He hablado de los inquisidores y de su habilidad para penetrar nubes de cobre. Como dije, este poder se comprende fácilmente cuando se advierte que muchos inquisidores eran buscadores antes de su transformación, y eso significaba que su bronce se duplicaba en fuerza.

Hay al menos otro caso de una persona que podía penetrar nubes de cobre. Sin embargo, en el caso de ella la situación era ligeramente distinta. Ella era nacida de la bruma de nacimiento, y su hermana era la buscadora. La muerte de esa hermana, y la subsiguiente herencia del poder a través del clavo hemalúrgico empleado para matar a esa hermana, dobló su capacidad para quemar bronce como nacida de la bruma típica. Y eso le permitió ver a través de las nubes de cobre de los alomantes inferiores.

Una vez ella le preguntó a Ruina por qué la había escogido. La respuesta principal es sencilla. Tenía poco que ver con su personalidad, sus actitudes, o incluso con su habilidad alomántica.

Simplemente era la única niña que había podido encontrar que estaba en posición de conseguir el clavo hemalúrgico adecuado, un clavo que le concedería poderes ampliados con el bronce, y que entonces le permitirían sentir la localización del Pozo de la Ascensión. Tenía una madre loca, una hermana buscadora, y ella misma era una nacida de la bruma. Exactamente la combinación que Ruina necesitaba.

Sin duda, había otros motivos. Aunque ni siquiera Ruina los conocía.

Cada clavo hemalúrgico que atravesaba el cuerpo de una persona daba a Ruina una pequeña capacidad para influenciar en ella. Esto se mitigaba, sin embargo, con la fortaleza mental de quien era controlado.

En la mayoría de los casos, dependiendo del tamaño del clavo y de la cantidad de tiempo que se llevaba, un solo clavo daba a Ruina solo poderes mínimos sobre una persona. Podía aparecerse ante ellos y retorcer levemente sus pensamientos, haciéndoles pasar por alto algunas peculiaridades: por ejemplo, su compulsión por conservar y llevar un solo pendiente.

Siempre me he preguntado por la extraña habilidad que tienen los alomantes para penetrar las brumas. Cuando uno quema estaño, puede ver más allá en la noche, mirando a través de las brumas. Para el profano, esto podría parecer una conexión lógica: el estaño, después de todo, amplifica los sentidos.

La mente lógica, sin embargo, puede encontrar un enigma en esta habilidad. ¿Cómo puede el estaño, exactamente, permitir ver a través de las brumas? Siendo una obstrucción, no están conectadas con la calidad de la vista. Tanto el erudito miope como el explorador de vista de águila tendrían el mismo problema para ver en la distancia si hubiera un muro de por medio.

Esta tendría que haber sido, pues, nuestra primera pista. Los alomantes podían ver a través de las brumas porque las brumas estaban, de hecho, compuestas por el mismo poder que la alomancia. Al quemar estaño, el alomante era casi parte de las brumas. Y, por tanto, estas eran más transparentes para él.

Al recordarlo ahora todo, tendríamos que haber podido ver la conexión entre las brumas, la alomancia y el poder del Pozo de la Ascensión. No solo la visión del alomante podía penetrar las brumas, sino que también estaba el hecho de que estas giraban levemente en torno a la persona que usaba algún tipo de alomancia.

Más revelador, tal vez, fue el hecho de que cuando un hemalúrgico usaba sus habilidades, espantaba las brumas. Cuanto más se acercaba uno a Ruina, más estaba bajo su influencia, y cuanto más tiempo llevaba sus clavos, más se repelían las brumas.

Para quienes lean esto puede parecer extraño que el atium fuera parte del cuerpo de un dios. Sin embargo, es necesario comprender que cuando decimos «cuerpo» generalmente queremos decir «poder». A medida que mi mente se ha expandido, he llegado a darme cuenta de que los objetos y la energía están compuestos de las mismas cosas, y pueden cambiar de estado de uno a otra. Para mí, tiene perfecto sentido que el poder de la deidad se manifestara dentro del mundo en forma física. Ruina y Conservación no eran abstracciones nebulosas. Eran partes integrales de la existencia. En cierto modo, cada objeto que existía en el mundo estaba compuesto por su poder.

El atium, pues, era un objeto de una sola cara. En vez de estar compuesto a medias por Ruina y Conservación (como estaría, por ejemplo, una roca), el atium pertenecía por completo a Ruina. Los Pozos de Hathsin fueron creados por Conservación como lugar donde esconder la porción del cuerpo de Ruina que había robado durante su traición y aprisionamiento. Kelsier no destruyó realmente el lugar al romper aquellos cristales, pues habrían vuelto a crecer con el tiempo, en unos cuantos siglos, y seguirían depositando atium, ya que el lugar era un sumidero natural para el poder atrapado de Ruina.

Cuando la gente quemaba atium, entonces, recurría al poder de Ruina. Por eso, tal vez, el atium convertía a la gente en máquinas de matar tan eficaces. Sin embargo, no agotaban este poder, sino que hacían uso de él. Cuando una pepita de atium se gastaba, el poder regresaba a los Pozos y empezaba a formarse de nuevo, igual que el poder del Pozo de la Ascensión regresaría allí de nuevo después de haber sido utilizado.

Creo que las brumas buscaban a alguien que se convirtiera en nuevo anfitrión para ellas. El poder necesitaba una consciencia que lo dirigiera. En este asunto, siento aún cierta confusión. ¿Por qué necesita el poder usado para crear y destruir una mente que lo supervise? Y, sin embargo, parece tener solo una vaga voluntad propia, constreñida al mandato de sus habilidades. Sin una consciencia para dirigirlo, nada podría ser creado ni destruido. Es como si el poder de Conservación comprendiera que su tendencia a reforzar la estabilidad no es suficiente. Si nada cambiara, nada llegaría a existir jamás.

Eso hace que me pregunte quién o qué eran las mentes de Conservación y Ruina.

En cualquier caso, las brumas (el poder de Conservación) escogió a alguien para que se convirtiera en su anfitrión mucho antes de que todo esto sucediera. Sin embargo, de inmediato Ruina se hizo con ella para utilizarla como su peón. Debió de saber que al darle a Vin un clavo hemalúrgico disfrazado, impediría que las brumas se Invistieran en ella como deseaban.

Las tres veces que ella recurrió a su poder, por tanto, fueron las tres veces en que el pendiente fue retirado de su cuerpo. Cuando combatió al lord Legislador, su alomancia lo había soltado. Cuando luchaba contra Marsh en Fadrex, usó el pendiente como arma. Y, al final, Marsh lo arrancó, liberándola y permitiendo que las brumas (que ahora deseaban desesperadamente un anfitrión, ya que el último jirón de Conservación había desaparecido) se volcaran finalmente en su interior.

Los kandra decían siempre que eran de Conservación, mientras que los koloss e inquisidores eran de Ruina. Sin embargo, los kandra llevaban clavos hemalúrgicos, igual que los demás. ¿Lo que decían, entonces, era simple autoengaño?

No, creo que no. El lord Legislador los creó para que fueran espías. Cuando decían eso, la mayoría de nosotros interpretaba que planeaba utilizarlos como espías de su nuevo gobierno, por su habilidad para imitar a otras personas. De hecho, fueron usados para este propósito.

Pero veo algo mucho más grandioso en su existencia. Eran los agentes dobles del lord Legislador, plantados con clavos hemalúrgicos, pero se les había encomendado, enseñado, obligado a liberarse cuando Ruina tratara de apoderarse de ellos. En el momento de triunfo de Ruina, cuando dio por hecho que los kandra serían suyos a capricho, la enorme mayoría de ellos inmediatamente cambió de bando y le impidió hacerse con su premio.

Siempre fueron de Conservación.

La ruptura fue siempre el reverso oscuro de la alomancia. La dote genética de la persona podía convertirla en un alomante en potencia, pero para que el poder se manifestara, el cuerpo debía sufrir un trauma extraordinario. Aunque Elend hablaba de lo terrible que había sido su paliza, en nuestro tiempo liberar la alomancia en una persona era más fácil que antaño, pues teníamos la infusión del poder de Conservación en las líneas de sangre humana a través de las pepitas que el lord Legislador concedía a la nobleza.

Cuando Conservación estableció las brumas, tenía miedo de que Ruina escapara de su prisión. En aquellos días tempranos antes de la Ascensión, las brumas empezaron a hacer que la gente rompiera como en nuestra época, pero ese acto de las brumas era una de las únicas formas de despertar la alomancia en alguien, ya que los atributos genéticos estaban enterrados a demasiada profundidad para que afloraran con una simple paliza. Las brumas de esos días crearon solamente brumosos: no hubo nacidos de la bruma hasta que el lord Legislador dio uso a las pepitas.

La gente malinterpretó la intención de las brumas, ya que el proceso de ruptura alomántica hacía que algunos murieran, sobre todo los viejos y los niños. No era este el deseo de Conservación, pero había renunciado a la mayor parte de su consciencia para formar la prisión de Ruina, y las brumas tuvieron que funcionar como mejor pudieron sin direcciones específicas.

Ruina, sutil como siempre, sabía que no podía impedir que las brumas hicieran su trabajo. Pero pudo hacer lo inesperado y animarlas. Y, así, ayudó a hacerlas más fuertes. Eso causó la muerte de las plantas del mundo y creó la amenaza que sería conocida como la Profundidad.

Cuando Vin murió, el final llegó rápidamente. No estábamos preparados para ello, pero ni siquiera toda la planificación del lord Legislador podría habernos preparado. ¿Cómo se prepara uno para el fin del mundo?

Vin era especial.

Conservación la eligió desde muy joven, como he mencionado. Creo que estaba preparándola para que tomara su poder. Sin embargo, la mente de Conservación era muy débil en ese punto, reducida solo al fragmento que conocíamos como el espíritu de la bruma.

¿Qué le hizo escoger a esa muchacha? ¿Fue porque era una nacida de la bruma? ¿Fue porque consiguió sus poderes muy pronto, cuando sufría los dolores del dificilísimo parto que su madre experimentó para darla a luz?

Vin era inusitadamente talentosa y fuerte con la alomancia, incluso desde el principio. Creo que debió de absorber parte de las brumas cuando aún era una niña, en aquellos breves momentos en que no llevaba puesto el pendiente. Conservación casi había conseguido que no lo llevara cuando Kelsier la reclutó, aunque volvió a hacerlo durante un momento antes de unirse a la banda. Entonces, se lo dejó puesto a sugerencia suya.

Nadie más podía recurrir a las brumas. Lo he confirmado. ¿Por qué estaban abiertas a Vin y no a los demás? Sospecho que no pudo tomarlas todas hasta después de tocar el poder en el Pozo de la Ascensión. Creo que siempre debía ser una fuerza afinadora. Algo que, una vez tocado, ajustaría el cuerpo de una persona para aceptar las brumas.

Sin embargo, ella usó una pequeña migaja del poder de Conservación cuando derrotó al lord Legislador, más de un año antes de empezar a oír los latidos del regreso del poder al Pozo.

Hay mucho más en este misterio. Tal vez lo descubriré algún día, cuando mi mente se acostumbre más a su naturaleza expandida. Tal vez determinaré por qué pude tomar el poder yo mismo. Por ahora, solo deseo reconocer el logro de la mujer que tuvo el poder antes que yo.

De todos los que lo hemos tocado, creo que ella fue la más digna.

—Introducción a las Palabras de Instauración

Ver también

Notas

  1. a b c Sombras de identidad capítulo 19#
  2. Aleación de ley capítulo 11#
  3. a b Sombras de identidad capítulo 20#
  4. Brazales de Duelo (libro) capítulo 20#
  5. Aleación de ley capítulo 1#
  6. Aleación de ley capítulo 10#
  7. Brazales de Duelo (libro) capítulo 3#
  8. Sombras de identidad capítulo 12#
  9. Sombras de identidad capítulo 14#
  10. Aleación de ley capítulo 3#
  11. Aleación de ley capítulo 15#
  12. El Héroe de las Eras epílogo#
  13. Sombras de identidad capítulo 25#
  14. Sombras de identidad capítulo 6#
  15. Brazales de Duelo (libro) capítulo 1#
  16. Brazales de Duelo (libro) capítulo 24#
  17. Sombras de identidad capítulo 7#
  18. Sombras de identidad capítulo 13#
  19. Sombras de identidad capítulo 11#
  20. Sombras de identidad capítulo 17#
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