El Pozo de la Ascensión (libro)/Epígrafes

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Los epígrafes de este libro contienen la inscripción dejada en el convento de Seran por Kwaan, que describe el papel de Ati en la ascensión del lord Legislador.

Capítulo Inscripción
1 Escribo estas palabras en acero, pues todo lo que no esté grabado en metal es indigno de confianza.
2 He empezado a preguntarme si soy el único hombre cuerdo que queda. ¿Es que los demás no se dan cuenta? Llevan tanto tiempo esperando la llegada de su héroe (el que se menciona en las profecías de Terris) que se apresuran a sacar conclusiones, convencidos de que cada historia y cada leyenda se refiere a ese hombre.
3 Mis hermanos ignoran los otros hechos. No pueden relacionar las otras extrañas cosas que están teniendo lugar. Son sordos a mis objeciones, están ciegos a mis descubrimientos.
4 Tal vez ellos tengan razón. Tal vez estoy loco, o soy celoso, o un simple necio. Me llamo Kwaan. Filósofo, erudito, traidor. Soy quien descubrió a Alendi y quien lo proclamó Héroe de las Eras. Soy el que dio comienzo a todo esto.
5 Y yo soy el que traicionó a Alendi, pues ahora sé que no debe permitírsele que lleve a cabo su misión.
6 Escribo ahora este archivo en una plancha de metal porque tengo miedo. Miedo por mí mismo, sí..., admito ser humano. Si Alendi regresa del Pozo de la Ascensión, estoy seguro de que mi muerte será uno de sus primeros objetivos. No es un hombre malvado, pero sí implacable. Debido, creo, a lo que ha vivido.
7 No obstante, también temo que todo lo que he conocido caiga en el olvido, que mi historia caiga en el olvido. Y temo por el mundo que habrá de venir. Temo que mis planes fracasen.

Temo un destino aún peor que la Profundidad.

8 Todo vuelve al pobre Alendi. Me siento mal por él y por todas las cosas que se ha visto obligado a soportar. Por aquello en lo que ha sido obligado a convertirse.
9 Pero dejadme comenzar por el principio. Conocí a Alendi en Khlennium; entonces era un muchachito y aún no había sido deformado por una década como caudillo de ejércitos.
10 La altura de Alendi me sorprendió la primera vez que lo vi. Se trataba de un hombre que superaba a todos los demás, de un hombre que (a pesar de su juventud y su ropa humilde) imponía respeto.
11 Curiosamente fue la sencilla ingenuidad de Alendi lo que me llevó al principio a hacerme amigo suyo. Lo empleé como ayudante durante sus primeros meses en la gran ciudad.
12 No me convencí hasta años más tarde de que Alendi era el Héroe de las Eras. El Héroe de las Eras, al que llamaban Rabzeen en Khlennium, el Anamnesor.

Salvador.

13 Cuando por fin lo comprendí, cuando por fin relacioné todos los signos de la Anticipación de Alendi, me entusiasmé. Sin embargo, cuando anuncié mi descubrimiento a los otros forjamundos, me trataron con desdén.

Oh, cómo desearía ahora haberles hecho caso.

14 Y, sin embargo, todo el que me conozca comprenderá que no había ninguna posibilidad de que me rindiera tan fácilmente. Cuando encuentro algo que investigar, soy tenaz en mi empeño.
15 Yo había decidido que Alendi era el Héroe de las Eras, y pretendía demostrarlo. Tendría que haber cedido a la voluntad de los demás; no tendría que haber insistido en viajar con Alendi para ser testigo de sus idas y venidas.

Era inevitable que el propio Alendi descubriera lo que yo creía que era.

16 Sí, fue él quien difundió después los rumores. Yo nunca podría haber hecho lo que él hizo: convencer y persuadir al mundo de que era en efecto el Héroe. No sé si él mismo se lo creía, pero hizo que los demás creyeran que tenía que ser él.
17 Si la religión de Terris y la creencia en la Anticipación no se hubieran extendido más allá de nuestra gente...
18 Si al menos la Profundidad no hubiera llegado cuando lo hizo, trayendo una amenaza que empujó a los hombres a la desesperación tanto en sus actos como en sus creencias...
19 Si al menos hubiera ignorado a Alendi cuando estaba buscando un ayudante, hace tantos años...
20 No empecé a advertir los signos hasta unos años más tarde. Conocía las profecías: soy, después de todo, un forjamundo de Terris. Y, sin embargo, no todos nosotros somos religiosos; algunos, como yo mismo, están más interesados en otros temas. No obstante, durante el tiempo que pasé con Alendi, no pude dejar de interesarme más en la Anticipación. Parecía encajar tan bien con los signos...
21 Nació de familia humilde, y, sin embargo, se casó con la hija de un rey.
22 Podía conversar con los mejores filósofos y tenía una memoria impresionante. Casi tan buena, incluso, como la mía. Sin embargo, no discutía.
23 En Terris lo rechazaron, pero él logró liderarlos.
24 Ordenaba a reyes, y aunque no buscó ningún imperio, se volvió más grande que todos los habidos.
25 No engendró hijos, y, sin embargo, toda la humanidad se convirtió en su progenie.
26 Se vio obligado a ir a la guerra por error... y siempre dijo que no era un soldado, pero llegó a combatir tan bien como cualquiera.
27 No era un simple soldado. Era un caudillo encarnado, un hombre a quien el destino mismo parecía apoyar.
28 Dejó ruinas a su paso, pero fue olvidado. Creó reinos y luego los destruyó, mientras creaba el mundo de nuevo.
29 Hubo otras pruebas que relacionaban a Alendi con el Héroe de las Eras. Cosas más pequeñas, cosas que solo alguien entrenado en la tradición de la Anticipación hubiera advertido. La marca de nacimiento en su brazo. La manera en que su pelo se volvió gris cuando apenas tenía veinticinco años. La manera de hablar, la manera de tratar a la gente, la manera de gobernar.

Simplemente, parecía encajar.

30 Pero he de continuar sin entrar en tantos detalles. El espacio es limitado. Los otros forjamundos debieron considerarse humillados cuando acudieron a mí, admitiendo que estaban equivocados. Incluso entonces, empezaba a dudar de mi declaración original.

Pero me sentí lleno de orgullo.

31 En el fondo, puede que mi orgullo nos haya condenado a todos.
32 Mis hermanos nunca me habían prestado mucha atención: opinaban que mi trabajo y mis intereses no eran los adecuados para un forjamundos. No entendían de qué modo mi trabajo, el estudio de la naturaleza en vez del de la religión, beneficiaba al pueblo de las catorce tierras.
33 Sin embargo, al ser yo quien encontró a Alendi, me convertí en una persona importante. Sobre todo entre los forjamundos.
34 Había un sitio para mí en la tradición de la Anticipación: me consideré el Anunciador, el profeta que según lo predicho descubriría al Héroe de las Eras. Renunciar a Alendi entonces habría sido renunciar a mi nueva posición, a ser aceptado por los demás.

Y por eso no lo hice.

35 Pero lo hago ahora. Que se sepa que yo, Kwaan, forjamundos de Terris, soy un fraude.
36 Alendi no fue nunca el Héroe de las Eras. En el mejor de los casos, he exagerado sus virtudes, creando un Héroe donde no había ninguno. En el peor, me temo que ha corrompido todo aquello en lo que creemos.
37 Y así, llego al meollo de mi argumento. Pido disculpas. Incluso grabando mis palabras en acero, aquí sentado y arañando en esta cueva helada, tengo tendencia a divagar.
38 Este es el problema. Aunque al principio creí en Alendi, más tarde recelé. Parecía que encajaba con los signos, cierto. Pero, bueno, ¿cómo puedo explicarlo?

¿Podía ser que encajara demasiado bien?

39 Sé lo que argumentaréis. Estamos hablando de la Anticipación, de cosas predichas, de promesas hechas por nuestros grandes profetas de antaño. Naturalmente, el Héroe de las Eras encajará en las profecías. Encajará a la perfección. Esa es la idea.
40 Y sin embargo... algo en todo esto resultaba muy conveniente. Parecía como si hubiéramos construido un héroe a la medida de nuestras profecías en vez de permitir que surgiera uno de manera natural. Esta era mi inquietud, lo que me hubiese hecho vacilar cuando mis hermanos finalmente acudieron a mí, dispuestos a creer por fin.
41 Después de eso, empecé a ver otros problemas.
42 Algunos de vosotros tal vez conozcáis mi fabulosa memoria. Es cierto: no necesito la mente de metal de un ferruquimista para memorizar una hoja de texto en un instante.
43 Los otros me llaman loco. Como he dicho, puede que sea cierto.
44 Pero ¿no debe incluso un loco confiar en su propia mente, su propia experiencia, en vez de en la de los demás?
45 Sé lo que he memorizado. Sé lo que ahora repiten los otros forjamundos.
46 Las dos cosas no son lo mismo.
47 Alendi cree lo mismo que ellos.
48 Es un buen hombre. A pesar de todo, es un buen hombre. Un hombre sacrificado. En realidad, la muerte, la destrucción y el dolor que ha causado lo han herido profundamente. Todas esas cosas fueron de hecho una especie de sacrificio para él.
49 Está acostumbrado a renunciar a su propia voluntad por el bien mayor, tal como él lo entiende.
50 No me cabe duda de que, si Alendi llega al Pozo de la Ascensión, tomará el poder y entonces, en nombre de un supuesto bien mayor, renunciará a él.
51 Y así, he hecho un movimiento final.
52 Mis súplicas, mis enseñanzas, mis objeciones, ni siquiera mis traiciones surtieron efecto. Alendi tiene ahora otros consejeros que le dicen lo que quiere oír.
53 Tengo un joven sobrino llamado Rashek. Odia a todo Khlennium con la pasión de la envidiosa juventud. Odia a Alendi aún más profundamente, a pesar de que no se conocen, porque Rashek se siente traicionado debido a que uno de nuestros opresores ha sido elegido Héroe de las Eras.
54 Alendi necesitará guías para cruzar las montañas de Terris. He encargado a Rashek que se asegure de que sean él y sus amigos de confianza los guías elegidos.
55 Rashek debe intentar guiar a Alendi en la dirección equivocada, para desanimarlo o, de lo contrario, hacerlo fallar en su búsqueda. Alendi no sabe que ha sido engañado, que todos hemos sido engañados, y ahora no quiere escucharme.
56 Si Rashek no consigue desviar a Alendi, he instruido al muchacho para que lo mate.
57 Es una esperanza remota. Alendi ha sobrevivido a asesinos y catástrofes. Y, sin embargo, espero que en las montañas heladas de Terris pueda finalmente ser detenido. Espero un milagro.
58 Alendi no debe alcanzar el Pozo de la Ascensión...
59 ... pues no debe liberar lo que está prisionero allí.


Notas

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